domingo, 11 de septiembre de 2016


BAJO EL YUGO (Pod igoto), de Iván Vasov.

Por Alberto David Ripleb

Aunque su liquidación y disolución final tuvo lugar oficialmente en 1918 con la derrota definitiva de los Imperios Centrales en la I Guerra Mundial, el fin del Imperio Otomano -"el hombre enfermo de Europa", como se le venía llamando- había sido anunciado mucho tiempo atrás, ya a mediados del siglo XIX y aún antes. Sus últimos dominios europeos continentales se localizaron en los Balcanes, donde el decadente imperio musulmán había degenerado en una especie de monstruo rapaz, voraz y opresivo que chupó la sangre de los pueblos -principalmente eslavos- a los que había sometido y mantenía en un estado de postración y atraso tan grande como era ya el suyo propio. Apoyados por las clases cultas europeas y las cada vez más poderosas potencias occidentales, los pueblos sometidos por el sultán se fueron rebelando paulatinamente; primero sin éxito, en levantamientos que eran aplastados en sangre; poco a poco en grandes estallidos de rebeldía nacional que llevaban a guerras de liberación. Estos estallidos nacionalistas estaban muchas veces instigados y asistidos desde el Imperio Ruso, el cual se había arrogado el papel de protector de los pueblos ortodoxos de Europa, ya no solo eslavos. Grecia y Serbia se independizaron en 1830 y Bulgaria lo haría en 1878, al igual que Rumanía. Albania debió esperar hasta bien entrado el siglo XX. Los turcos fueron arrojados prácticamente de Europa, si bien conservaron la Tracia junto al Mar Negro y mantuvieron su control sobre los estrechos de Bósforo y Dardanelos, así como el Mar de Mármara.

            La literatura de todas las naciones de la Europa Central y Oriental que se encontraron bajo dominio otomano está cuajada de relatos, novelas y poemas que narran la gesta de los héroes patrióticos que se enfrentaron y sacrificaron en la lucha contra el turco. En Bulgaria, el novelista más afamado dentro y fuera de sus fronteras, Iván Vasov, escribió en 1978, prácticamente recién lograda la independencia del país, la que se convertiría en la gran epopeya de su patria; la novela Bajo el yugo. Se trata de una tragedia de exaltación de los héroes patrióticos búlgaros -personajes anónimos y pueblerinos de los que nada se sabe en el extranjero- escrita en un lenguaje nada complicado, explicativo e ilustrativo, muy al estilo de la novela romántica decimonónica. Además de gesta heroica, es también una historia de amor y un retrato de la vida en las aldeas búlgaras de la época. Su maniqueísmo es evidente: la maldad y abyección de los turcos -no hay prácticamente ninguno bueno- y sus partidarios traidores locales y la bondad y heroísmo infinito de los búlgaros, así como el sufrimiento de éstos bajo el imperio de los primeros.

            La historia es amena y simple, lo más normal es que se lea de un tirón. Los personajes no tienen grandes complicaciones sicológicas; más bien ninguna. El hilo central es la historia del patriota Iván Kralicha, el cual regresa a su aldea natal tras evadirse de un terrible penal turco en Asia Menor. Su presencia de incógnito en el lugar supone la agitación de las fuerzas revolucionarias anti turcas que llevarán al enfrentamiento final -completamente inútil, aunque heroico- ahogado en sangre por los otomanos.

            Bajo el yugo no está, ni mucho menos, a la altura de las grandes novelas del siglo XIX, eslavas o no, pero es un interesantísimo ejercicio de acercamiento a la historia de Bulgaria en esa época y siempre es un placer el descubrimiento de un autor del que, creo, aparte de esta novela no se dispone de ninguna otra traducción al español. El tono menor de su narrativa a veces recuerda el de las novelas de aventuras de la época. Yo no pude evitar pensar en El archipiélago en llamas de Julio Verne, novela en la que también los turcos encarnan las fuerzas del mal sobre la tierra, esta vez en su sometimiento de los griegos. La novela de Verne es algo posterior. Es sabida la admiración del autor francés por los pueblos eslavos, a los que contrapone heroicamente a la maldad de turcos y alemanes en Europa. ¿Habría leído Verne previamente a Vasov? Quién sabe.

            Mencionar finalmente que la traducción española está a cargo de dos personas, una de las cuales es el escritor español -gran conocedor de las lenguas y culturas eslavas- Juan Eduardo Zúñiga.

           

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Dejar comentario