viernes, 11 de agosto de 2017


EL ASESINATO DE TROTSKY, de Joseph Losey

Por Alberto David Ripoll

Parece que ha transcurrido una eternidad desde que vi por primera vez esta película y quedé fascinado con la figura histórica cuyos últimos días retrataba. Más que el personaje e ideólogo político en sí -a estas alturas nadie me va a tomar por comunista de ninguna de las diferentes corrientes en las que muchos gustan de encuadrarse aún hoy en día- lo que de Trotsky llamaba mi atención y, en parte, me seducía era su poderosa personalidad, su vida aventurera y llena de peripecias como vagabundo apátrida y políglota y ese trágico final a manos de un loco fanático, sicario del déspota Stalin. Que fuera ruso -poco me importaba si su origen era hebreo, para mí era ruso, simplemente- resultaba a mis ojos un valor añadido, pues Rusia, ya fuera el viejo imperio de los zares o la por aquel entonces -hablo de los primeros años 90 del pasado siglo- recién fenecida Unión Soviética, ejercía un fuerte encanto sobre mí. Además de esto, es de recordar que Trotsky no fue únicamente una víctima -primero exilio, más tarde asesinato- fue también un comunista intransigente, un revolucionario que, durante el período en el que gozó de poder antes de caer en desgracia, organizó los campos de trabajos forzados en la URSS -la esclavitud, ni más ni menos- y ordenó el asesinato de innumerables opositores. Pero esto es historia y ahora que han pasado los años -con la monstruosidad que supuso la tiranía comunista definitivamente muerta y enterrada- podemos disfrutar sin miedo la excelente épica literaria y cinematográfica que también aquel período nos dejó.

            Se suele afirmar que Joseph Losey es el más europeo de todos los cineastas estadounidenses que han existido. Afiliado en su día al Partido Comunista Americano, residió en Moscú en los años 30, donde llegó a conocer a Sergei Einstein y al dramaturgo alemán Bertolt Brecht. A comienzos de los años 50, durante la era del Macartismo, fue incluido en la Lista Negra del Comité de Actividades Anti-Americanas. Este acontecimiento le sorprendió durante una estancia en Italia, por lo que se decidió a no volver a su país, radicándose en el Reino Unido hasta su muerte. "El sirviente" (el extraño vínculo entre un aristócrata y su criado), "Caza humana" (donde dos convictos evadidos son perseguidos por un misterioso helicóptero en un inconcreto país del tercer mundo) y "Ceremonia secreta" (donde una mujer de edad mediana cree reconocer a su hija muerta en una joven que encuentra casualmente en la calle, mientras la muchacha parece reconocerla a ella como su madre), son para mí, junto con "El asesinato de Trotsky", sus películas más interesantes; al menos, creo, las más cercana a un espectador de nuestros días.

            Por segunda vez he visto "El asesinato de Trotsky" y, como no podía ser menos, en esta ocasión, tras más de veinte años de lecturas sobre la Revolución Rusa y sobre el personaje de Trotsky en concreto, mucho ha cambiado mi parecer sobre la película y mi disfrute de la misma: los personajes, los actores, continúan cautivándome, aunque de manera mucho más atenuada. Ahora encuentro más ingenuo el pretendido tono documental con el que se abre la película y nos presenta esa mini biografía del revolucionario desplegando una colección de fotos que llevan al pie una breve explicación sobre sus actividades políticas en un determinado año. No se trata de un documental, en realidad, sino de una pura dramatización, aunque sumamente lograda.

            Trotsky fue asesinado en Ciudad de Méjico, en una villa protegida como un fortín por guardias armados adictos a él. De nada le sirvió la protección, pues el comunista estalinista español, Ramón Mercader, logró burlar con astucia la estricta vigilancia y matar sin remilgos, golpeándolo con un pico en la cabeza, al viejo revolucionario ruso. De la ideología trotskista (la revolución permanente, cuyo máximo representante en España fue el POUM) no queda ya casi ni el recuerdo.

            Pero ver esta película, este drama histórico, significa vivir de veras aquellos acontecimientos que parecen ya casi ficción. No puede ser disfrutada por nadie que no tenga un fuerte interés en ese concreto período histórico, que no se haya puesto al día con el personaje y con sus circunstancias únicas. Richard Burton es Trotsky; Alain Delon es su asesino, llamado en la película Frank Jackson (uno de sus nombres supuestos, al igual que Jacques Mornard). La atmósfera asfixiante de la villa convertida en búnker, las conversaciones políticas de Trotsky con sus amigos y familiares (su nieto, entre otros), la enfermiza relación de Jackson-Mercader con su amante Gita Samuels (Romy Schneider), el horripilante final del anciano; esos son los elementos que conceden aún grandeza a esta película. Si les interesa el tema, no se la pierdan.

           

 

           

jueves, 10 de agosto de 2017


LA UNIÓN EUROPEA DECLARA OFICIALMENTE FINALIZADA LA CRISIS ECONÓMICA QUE ESTALLÓ 10 AÑOS ATRÁS.

Por Alberto David Ripoll

El pasado 9 de agosto Bruselas emitió un comunicado en el que daba por definitivamente superada la crisis que comenzó hace 10 diez años; afirmando que la economía de la Unión Europea y de la Eurozona en particular vuelven a estar "en forma" y ha experimentado una importante "transformación". Las decisiones tomadas durante la que se considera la peor recesión de la historia del bloque comunitario, si bien duras para muchos de sus miembros, han dado finalmente su fruto y el balance que se hace de ellas es absolutamente positivo. Gracias a aquellas fuertes decisiones tomadas por los estados miembros, la crisis ha sido contenida y se ha logrado preservar el euro, al que muchos daban ya por perdido. La economía europea está creciendo por quinto año consecutivo y el desempleo se encuentra en su más bajo nivel desde 2015. En conjunto, los datos son alentadores, si bien se reconoce que aún queda mucho por hacer, por lo que la Comisión Europea continuará trabajando para cumplir su agenda para el empleo, crecimiento y justicia social. Por su parte, el Comisario para Asuntos Económicos y Monetarios, Pierre Moscovici, ha afirmado que se debe aprovechar este impulso económico para completar la reforma de la unión económica y monetaria.

            Aunque el empleo continua siendo el reto pendiente, la tasa de paro se encuentra en su nivel más bajo desde 2009 en la Eurozona y desde 2008 en la Unión Europea en general; siendo el 2013 cuando alcanzó sus niveles máximos. Grecia y España continúan, no obstante, a la cabeza del desempleo que padecen en total 18.7 millones de ciudadanos de la Unión.

            En líneas generales, balance positivo. Prueba incontestable de que esta es la dirección ideal en la que tiene que avanzar la Unión Europea, desechando las visiones catastróficas y apocalípticas que insisten en propagar las formaciones antieuropeas; los populistas y demagogos extremistas tanto de la derecha (Front National, AfD) como de la izquierda (Syriza, Podemos, CUP).
           Por Europa. Por nuestro común futuro. Nuestra esperanza.
 
 

miércoles, 31 de mayo de 2017


UNAS PALABRAS DE ANGELA MERKEL SON INTERPRETADAS POR LA PRENSA INTERNACIONAL COMO EL ANUNCIO DEL FIN DE UNA ERA

Por Alberto David Ripoll

Sucedió el pasado 28 de mayo, un día después de la cumbre del G-7 que tuvo lugar en Taormina (Italia), durante cuyo desarrollo pocos logros se han alcanzado, más allá del acuerdo de prolongar las sanciones a Rusia y de proseguir la lucha contra el terrorismo, o la política común en lo que a países como Libia o Corea del Norte se refiere. Las diferencias entre el presidente norteamericano Donald Trump y sus hasta ahora aliados europeos se volvieron nítidas y tremendas. Los modales toscos y groseros de Trump (el empujón al primer ministro de Montenegro para hacerse sitio en la foto) o su ignorancia de muchos de los temas que se trataban en la cumbre no hacen más que evidenciar ese abismo que hoy en día separa la diplomacia estadounidense de la europea.

            Pero fue el día siguiente de la insatisfactoria cumbre cuando Angela Merkel pronunció unas palabras que, con o sin intención, han levantado una tempestad de titulares y artículos interpretativos en toda la prensa europea y norteamericana.

            "Los europeos debemos tomar el destino en nuestras manos", dijo. Y añadía: "Los tiempos en los cuales dependíamos unos de otros han llegado, en parte, a su fin. Esta es mi experiencia de los últimos días".

            La canciller aseguraba, además, que tras el Brexit y la llegada de Trump a la Casa Blanca, ni con Estados Unidos ni con el Reino Unido podía ya contar la Unión Europea. A continuación apelaba al llamado Eje Franco-Alemán como fuerza líder y conductora del continente.

            Los continuos ataques de Trump a Alemania ("los alemanes dañan la economía de los Estados Unidos", llegó a decir) no dejan de afianzar el enfrentamiento entre los dos mundos.

            Las palabras de Angela Merkel son interpretadas por casi todos  como una llamada al inicio de una nueva era. La Unión Europea debe ser salvada a toda costa. De qué manera -renovación del euro, búsqueda de nuevos socios y aliados (China, sin duda el principal)- es algo que aún deberá discutirse.

           

domingo, 14 de mayo de 2017


VICTORIA DE LA CDU Y FUERTE ASCENSO DEL FDP EN LAS ELECCIONES DE RENANIA DEL NORTE-WESTFALIA.

Por Alberto David Ripoll

La Unión Cristianodemócrata (CDU) de Angela Merkel es la indiscutible ganadora de las elecciones regionales que este domingo se han celebrado en el estado alemán de Renania del Norte-Westfalia (Nordrhein-Westfalen). El segundo puesto ha sido para los socialdemócratas del SPD, los cuales han sufrido un fuerte descenso -como ya ocurrió en las elecciones precedentes que tuvieron lugar en Schleswig-Holstein- que no ha podido ser detenido ni con el anuncio de candidatura para las próximas elecciones legislativas del prestigioso líder Martin Schultz.

            La gran novedad es el fuerte ascenso del Partido Liberal (FDP) que a nivel nacional lidera el joven Christian Lindner. Este partido que tras las últimas elecciones generales había quedado fuera del Bundestag (Parlamente Federal) se convierte ahora en la tercera fuerza política del estado, desplazando a los Verdes (Die Grünen), que hasta ahora habían gobernado en coalición con el SPD.

            Que un partido de centro, liberal y europeísta como es el FDP vuelva a tener presencia en el parlamento alemán -como se espera que ocurra tras las elecciones generales del próximo 24 de septiembre- es una maravillosa noticia para aquellos que defendemos estos valores y nos identificamos con ellos. Sí a la Unión Europea y a la moneda común; a la libre circulación de sus ciudadanos y a la solidaridad entre los estados.

            En Holanda y Francia -y probablemente pronto también en Alemania- los extremismos populistas (de izquierdas y de derechas) y ultranacionalistas son derrotados por partidos liberales que no prometen la luna a los ciudadanos, sino que ofrecen soluciones pragmáticas y razonables.

Breve nota sobre Christian Lindner.

Nacido en Wuppertal el 7 de enero de 1979, este politólogo es el líder del Partido Liberal alemán (FDP) desde 2013, un año fatídico en el que tras las elecciones generales la formación no logró el mínimo de votos necesarios para obtener representación en el Bundestag (Parlamento Federal). Milita en el partido desde 1995.

            Una de sus últimas propuestas es la de que Grecia debe abandonar la Zona Euro (no la Unión Europea), perdonándosele previamente todas sus deudas; pudiendo, como miembro de la unión, continuar acogiéndose a la asistencia europea. De este modo, el país podría encontrar un nuevo comienzo y no pondría en peligro al resto de los estados.

 

 

sábado, 29 de octubre de 2016


SEBASTIAN EN SUEÑOS (Sebastian im Traum), Georg Trakl.

Por Alberto David Ripoll

Para muchos el estallido de la I Guerra Mundial supuso la confirmación del esperado Apocalipsis que tantas congregaciones religiosas y sectas -a veces, meros círculos esotéricos- venían anunciando para Europa y el mundo. Todo comenzó con un estallido de alegría, de patriotismo; de euforia ante la vuelta al heroísmo en el campo de batalla que debía sacar a las naciones de Europa de su embotado pacifismo y su buena vida. Todo terminó en una de las más anti heroicas guerras que la humanidad haya conocido. El continente europeo se desgarró y los imperios cayeron cercenados y desarticulados; surgieron nuevos estados -repúblicas y monarquías fugaces-, además de ese monstruo gigantesco y amenazador en el este llamado Unión Soviética. Para muchos ese era el comienzo del fin de los tiempos. El orden tradicional se había roto y los movimientos revolucionarios violentos de izquierda y derecha comenzaban a extenderse por Europa. Nacía la República de Weimar en Alemania y Oswald Spengler publicaba su obra grandiosa Der Untergang des Abendlandes (La decadencia de Occidente).

            Nada de esto llegó a verlo el poeta austríaco Georg Trakl, que había sido el gran profeta y visionario de todo ese apocalipsis crepuscular; el que en sus versos llenos de símbolos y signos visuales y sonoros había escrito, con la sabia de sus terrores y sus obsesiones enfermizas, el destino de la civilización, de la humanidad. Su poesía -de una belleza tan extraordinaria que resulta, además de inusitada, perturbadora por proceder de un hombre de poco más de veinte años en el momento en que fue escrita en su mayor parte- es enigmática, inquietante; conduce al lector silencioso o susurrante a un mundo pretérito de galerías de viejas mansiones, jardines otoñales, valles solitarios de la Europa Central. La melancolía infinita de una infancia solitaria y extraña -relaciones ambiguas con una hermana tiempo ha desaparecida- se prolonga hasta lo insoportable; amigos adolescentes fallecidos, creencias en presagios y apariciones fantasmales.

            La fijación de Trakl con las figuras luminosas u oscuras del pasado -Jesucristo, Barrabás o San Sebastián- o de la mitología se entrelazan y confunden con los nombres misteriosos por él ideados -Anif, Elis- los cuales son una especie de ángeles juveniles encarnación de la pureza paradisíaca que el poeta amó toda su vida; seres también anunciadores del fin de los días, de la extinción total de la especie humana tras su larga decadencia.

            Para mí no hay poema más bello -ni más extraño y opresivo- en toda la literatura alemana -quizás tampoco en ninguna otra- que An den Knaben Elis (Al muchacho Elis): "Elis, wenn die Amsel im schwarzen Wald ruft, dieses ist dein Untergang" (Elis, cuando el mirlo cante en el oscuro bosque, ese será tu ocaso). Ocaso, caída, final; lo que se anuncia al género humano. Elis parte con paso suave hacia la noche, hacia su propia extinción; su frente sangrando silenciosamente, devenido en leyenda tras la muerte, convertido en un jacinto en las manos de un monje. Pero, ¿quién es ese misterioso muchacho Elis? Imposible saberlo; se ha pensado en los mitos helénicos de Endimión y de Jacinto, incluso en una especie de imaginario antecesor de Adán, un reflejo del paraíso perdido.

            Los poemas de Sebastian im Traum (Sebastián en sueños) -cuyo título hace referencia al mártir cristiano- engloban todo ese mundo de decadencia y putrefacción, antigüedad y obsesión con el pasado, de presencia de la naturaleza misteriosa. La soledad, la infancia sombría que parece no querer disiparse.

            Trakl fue un esclavo del alcohol y las drogas; las visiones apocalípticas de su poesía no son meras ensoñaciones, tienen la veracidad de la alucinación; algo que se cree de veras haber visto. Los difuntos pueblan su poemas; silenciosas apariciones crepusculares. Su obsesión con los atrios de iglesias y los cementerios prefiguran la pulsión suicida que se lo llevó finalmente.

                        Por fin llegó el apocalipsis. Como enfermero voluntario, Trakl trabajaba con la cocaína con la que finalmente se quitó la vida. La batalla de Grodek, que tuvo lugar entre austríacos y rusos en la región de Galitzia durante la Gran Guerra, lo fulminó anímicamente. La visión de los cadáveres y la agonía de los supervivientes -los gritos y estertores- lo acompañaron, sin duda, en sus últimos momentos, con la droga en sus manos temblorosas. "Grodek" es precisamente el título de su último poema. En él vuelve una de sus más antiguas obsesiones: los "Ungeborene" (los no nacidos). En él nos habla de la sombra vacilante de la hermana que se inclina para saludar a los héroes muertos de sangrante cabeza; de las flautas otoñales y los altares metálicos, del dolor de los nietos no nacidos. Sangre derramada, frío lunar, guerreros moribundos.

            El sacrificio de la Batalla de Grodek-Lemberg -como de todas aquellas en las que el ejército austríaco, dese los Alpes a los Cárpatos fue zarandeado- fue estéril. El sacrificio de cientos de soldados, tanto rusos como austríacos, no sirvió de nada; ambos imperios desaparecieron. La posterior Paz de Versalles fue un mero interregno de tranquilidad aparente y relativa. El auténtico apocalipsis le llegaría a toda Europa dos décadas más tarde, cuando, precisamente de Austria, llegara el mesías anunciador de la destrucción total.

           

           

 

domingo, 11 de septiembre de 2016


BAJO EL YUGO (Pod igoto), de Iván Vasov.

Por Alberto David Ripoll

Aunque su liquidación y disolución final tuvo lugar oficialmente en 1918 con la derrota definitiva de los Imperios Centrales en la I Guerra Mundial, el fin del Imperio Otomano -"el hombre enfermo de Europa", como se le venía llamando- había sido anunciado mucho tiempo atrás, ya a mediados del siglo XIX y aún antes. Sus últimos dominios europeos continentales se localizaron en los Balcanes, donde el decadente imperio musulmán había degenerado en una especie de monstruo rapaz, voraz y opresivo que chupó la sangre de los pueblos -principalmente eslavos- a los que había sometido y mantenía en un estado de postración y atraso tan grande como era ya el suyo propio. Apoyados por las clases cultas europeas y las cada vez más poderosas potencias occidentales, los pueblos sometidos por el sultán se fueron rebelando paulatinamente; primero sin éxito, en levantamientos que eran aplastados en sangre; poco a poco en grandes estallidos de rebeldía nacional que llevaban a guerras de liberación. Estos estallidos nacionalistas estaban muchas veces instigados y asistidos desde el Imperio Ruso, el cual se había arrogado el papel de protector de los pueblos ortodoxos de Europa, ya no solo eslavos. Grecia y Serbia se independizaron en 1830 y Bulgaria lo haría en 1878, al igual que Rumanía. Albania debió esperar hasta bien entrado el siglo XX. Los turcos fueron arrojados prácticamente de Europa, si bien conservaron la Tracia junto al Mar Negro y mantuvieron su control sobre los estrechos de Bósforo y Dardanelos, así como el Mar de Mármara.

            La literatura de todas las naciones de la Europa Central y Oriental que se encontraron bajo dominio otomano está cuajada de relatos, novelas y poemas que narran la gesta de los héroes patrióticos que se enfrentaron y sacrificaron en la lucha contra el turco. En Bulgaria, el novelista más afamado dentro y fuera de sus fronteras, Iván Vasov, escribió en 1978, prácticamente recién lograda la independencia del país, la que se convertiría en la gran epopeya de su patria; la novela Bajo el yugo. Se trata de una tragedia de exaltación de los héroes patrióticos búlgaros -personajes anónimos y pueblerinos de los que nada se sabe en el extranjero- escrita en un lenguaje nada complicado, explicativo e ilustrativo, muy al estilo de la novela romántica decimonónica. Además de gesta heroica, es también una historia de amor y un retrato de la vida en las aldeas búlgaras de la época. Su maniqueísmo es evidente: la maldad y abyección de los turcos -no hay prácticamente ninguno bueno- y sus partidarios traidores locales y la bondad y heroísmo infinito de los búlgaros, así como el sufrimiento de éstos bajo el imperio de los primeros.

            La historia es amena y simple, lo más normal es que se lea de un tirón. Los personajes no tienen grandes complicaciones sicológicas; más bien ninguna. El hilo central es la historia del patriota Iván Kralicha, el cual regresa a su aldea natal tras evadirse de un terrible penal turco en Asia Menor. Su presencia de incógnito en el lugar supone la agitación de las fuerzas revolucionarias anti turcas que llevarán al enfrentamiento final -completamente inútil, aunque heroico- ahogado en sangre por los otomanos.

            Bajo el yugo no está, ni mucho menos, a la altura de las grandes novelas del siglo XIX, eslavas o no, pero es un interesantísimo ejercicio de acercamiento a la historia de Bulgaria en esa época y siempre es un placer el descubrimiento de un autor del que, creo, aparte de esta novela no se dispone de ninguna otra traducción al español. El tono menor de su narrativa a veces recuerda el de las novelas de aventuras de la época. Yo no pude evitar pensar en El archipiélago en llamas de Julio Verne, novela en la que también los turcos encarnan las fuerzas del mal sobre la tierra, esta vez en su sometimiento de los griegos. La novela de Verne es algo posterior. Es sabida la admiración del autor francés por los pueblos eslavos, a los que contrapone heroicamente a la maldad de turcos y alemanes en Europa. ¿Habría leído Verne previamente a Vasov? Quién sabe.

            Mencionar finalmente que la traducción española está a cargo de dos personas, una de las cuales es el escritor español -gran conocedor de las lenguas y culturas eslavas- Juan Eduardo Zúñiga.

           

lunes, 22 de agosto de 2016


MARIO Y EL MAGO (Mario und der Zauberer) de Thomas Mann

Por Alberto David Ripoll

Se ha mencionado y se ha escrito en muchas ocasiones acerca del poder hipnótico de ciertos demagogos y agitadores de masas. Durante el período de entreguerras éstos abundaron por toda Europa. Procedían de casi todas las ideologías políticas a la izquierda y a la derecha; a veces imbuidos de visiones mesiánicas con tintes religiosos o que pretendían serlo. En la Europa Central predominaron claramente los agitadores de la derecha. A la par del Partido Nacional Socialista Alemán surgieron otras organizaciones derechistas, en muchos casos precediéndolo en años. La idea del líder conductor para la nación alemana (Führer) era antigua; se le esperaba desde hacía tiempo y ya había sido anunciada por el poeta Stefan George. Fue, sin embargo, Italia, un país que durante la I Guerra Mundial se había posicionado en el bando de los vencedores -sintiéndose, no obstante, terriblemente frustrado con los frutos que la victoria le había aportado- donde tuvo lugar el ascenso del primero de los dictadores modernos: Benito Mussolini. Con su llegada al poder se ponía punto y final al período de huelgas y desórdenes políticos que habían caracterizado los primeros años de la posguerra italiana.

            La Italia que el escritor alemán Thomas Mann visita en 1926 -creo que por segunda vez en su vida- es muy diferente de aquella de 1991; la que tanta satisfacción le produjo y la que le inspirara, en parte, la breve novela La muerte en Venecia. Además de un paisaje diferente -ya no es el Mar Adriático veneciano, sino el tirreno de la localidad balneario de Forte dei Marmi- el escritor, acompañado de su esposa y los dos más jóvenes de entre los cuatro hijos que por entonces tenía, encuentra una sociedad tremendamente cambiada. Mussolini lleva ya cuatro años en el poder en el que parece va a perpetuarse y la atmósfera del país se ha vuelto absolutamente nacionalista y terriblemente agresiva hacia los ciudadanos de ciertas naciones de Europa, entre ellas Alemania, por entonces bajo la modélica democracia de Weimar. Los extranjeros en general y los alemanes en particular inspiran una desconfianza y antipatía extrema entre los veraneantes de clase alta italiana. Los símbolos nacionales -banderas italianas adornadas con el escudo fascista en su centro- se encuentran por todas partes. El pueblo italiano en su totalidad le parece caído en un trance hipnótico anulador de la voluntad que obedece a los gestos histriónicos del Duce.

            Sería unos años más tardes, ya de vuelta en Alemania, cuando Thomas Mann recrearía sus impresiones de la estancia en la localidad italiana por medio de una de sus mejores novelas breves (Novellen). Suele tenerse a Mario y el mago por la narración en la que el autor con más saña expuso su desprecio hacia los modos y manejos de la población por parte de los estados totalitarios; como aquel en el que tan solo cuatro años tras la aparición del libro iba a convertirse la propia Alemania. En primera persona el autor nos cuenta de su llegada a la localidad de Torre di Venere (trasunto de Forte dei Marmi); los malos modos con que es recibido en el hotel, la antipatía de la población hacia él y su familia (incluso la tos nocturna de su hijo es motivo de protesta). El cúmulo de desaires culmina cuando su hija pequeña se baña desnuda en la playa; hecho que redunda en el escándalo público y la imposición de una denigrante multa. Hubieran abandonado el lugar de no ser porque se topan con el anuncio publicitario de la visita del gran hipnotizador Cipolla, un acontecimiento que atrae sobre todo a los dos niños.

            Cipolla, además de poseer poderes hipnóticos, es un gran charlatán; un artista de lengua fácil que encandila a su público con bellas expresiones acerca de su propio arte, sin dejar de adular al Duce de la nación italiana. Es -o aparenta ser- un gran patriota; el personaje al que desean escuchar muchos de los oyentes conservadores italianos que se encuentran en la sala en la que lleva a cabo sus números. Es así como se revela el carácter manipulador y bajo del "mago"; un hombre cuya apariencia es la de una especie de simio retorcido y jorobado; una fealdad física que se supone un reflejo de la perversidad de su alma. Durante la sesión de hipnosis, esclavizará durante minutos a diferentes personalidades de la sala hasta concluir con Mario, joven camarero conocido del narrador y su familia. Las diversas humillaciones a las que Cipolla somete a Mario serán el detonante de la tragedia final.

            ¿Es Cipolla el trasunto de algún tipo de dictador fascista? Tal vez. Así, como ante los pases mágicos del magnetizador, miles de seres humanos en Italia, Alemania y Austria se someterían a los designios -a los caprichos- de hombres aparentemente insignificantes capaces de mover a las masas simplemente alzando el brazo y pronunciando unas palabras.